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Madrid, Gran Vía II
El autobús, que ha arrancado con prosopopeya y humos de megaterio dispéptico, se aleja despacio de la parroquia de San José e inicia el ascenso por el primer tramo de nuestra calle. A la izquierda vemos el Metrópolis, obra de los Février, rematado por una esbelta figura alada; a pocos metros el edificio decorado con azulejos modernistas que da cobijo en sus bajos a Grassy donde, además de joyas carísimas, hay un museo del reloj. Nuestro asmático bajel con ruedas pasa ahora frente al número 12, donde estuvo y está el bar fundado por Pedro Chicote, ese tipo que salía tanto en los NO-DOS y que, como Cándido el de los cochinillos, aparecía siempre de un humor impecable. Por Chicote pasaron, además de las putas y la cocaína de la posguerra, gentes como Sinatra, Hemingway, Ava Garner o Dalí. Ahora lo frecuentan Alaska y Boris Izaguirre. Enfrente, en el 13, está el Casino Militar, con su marquesina y su restorán acristalado del segundo piso.
 
Y parece mentira, pero nos encontramos ya en el segundo tramo de la calle, con sus edificios afrancesados. La Casa del Libro, visita obligada, está en el número 29. En el 32 se yergue el Madrid-París que, hasta 1929 -fecha de construcción de la Telefónica, donde, por cierto, hay otro museo- fue el edificio más alto de la ciudad. El 35 alberga todavía el magnífico Palacio de la Música, de Secundino Suazo; no sabemos cuánto durará, como otros cines de la calle. El 46 da sitio al Palacio de la Prensa, con su sala para 2.000 almas. En el último tramo, entre hoteles, jamonerías y academias que preparan oposiciones para destinos ignotos, se encuentra el Coliseo, que Fernández Shaw construyó por encargo de Jacinto Guerrero. Por fin, en la Plaza de España, se levantan el edificio España y la Torre de Madrid, versiones pobretonas de las moles neoyorquinas, hoy bastante demodés.
 
Digamos, por último, que 2010 es año preñado de planes, no sabemos si meritorios o estólidos, para conmemorar el centenario de la Gran Vía. Esperemos que, entre las tóxicas nubes del autobombo municipal podamos ser espectadores -o incluso partícipes- de las celebraciones que van a festejar el primer siglo de una de las calles más importantes del mundo.
 
 
 
(c) 2010 Alberto Jiménez Rioja
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